La Ética y moral como herramientas emancipadoras de derechos en el régimen penitenciario desde una perspectiva sociológica

Resumen

El presente articulo analiza el rol de la ética y la moral como herramientas emancipadoras en el sistema penitenciario, poniendo el eje en los modelos punitivos tradicionales y en la consolidación de un enfoque basado en los derechos humanos. A partir de una exploración teórica y normativa, se sostiene que la ética cumple una función crítica frente a morales institucionales que históricamente han legitimado prácticas y hábitos de exclusión, violencia y deshumanización en contextos de encierro. En este sentido, se propone comprender el régimen penitenciario no solo como ejercicio de custodia y control, sino como una responsabilidad estatal orientada a la garantía de derechos, la dignidad humana y la reinserción social.
Palabras clave: ética, moral, régimen penitenciario, derechos humanos, emancipación, política penitenciaria.

Introducción

El régimen penitenciario ha sido tradicionalmente pensado como un espacio de castigo, disciplina y control, en el que la privativa de la libertad opera como respuesta central frente al delito. Este modelo se ha sustentado históricamente en una moral punitiva que asocia la sanción con el sufrimiento y que tiende a considerar a la persona privada de la libertad como un sujeto carente de derechos. Frente a esta perspectiva, la ética emerge como una herramienta fundamental para problematizar las prácticas penitenciarias y para interpelar críticamente las lógicas institucionales que reproducen desigualdad, violencia y exclusión. Desde un enfoque emancipador, la ética permite cuestionar la naturalización del castigo extremo y reafirmar el principio de que la privación de la libertad no implica la pérdida de la dignidad humana ni de los derechos fundamentales.

El objetivo de este trabajo es analizar cómo la ética y la moral pueden actuar como herramientas emancipadoras de derechos en el sistema penitenciario, contribuyendo a la construcción de políticas públicas respetuosas de los derechos humanos.

Marco conceptual: moral, ética y punitivismo.

La moral puede entenderse como el conjunto de normas, valores y creencias socialmente compartidas que regulan el comportamiento dentro de una comunidad. En el ámbito penitenciario, estas normas han estado históricamente atravesadas por una moral de tipo retributiva, que piensa a la pena como merecimiento y el sufrimiento como componente legítimo del castigo.
La ética, en cambio, se sitúa en un plano reflexivo y crítico. No se limita a reproducir normas existentes, sino que las examina a la luz de principios universales como la dignidad humana, la justicia y la igualdad. En esta dirección, la ética permite poner en tensión aquellas morales institucionales que justifican prácticas violatorias de derechos bajo argumentos de seguridad, orden o disciplina.
Desde una perspectiva foucaultiana, el régimen penitenciario puede ser analizado como un dispositivo de poder que produce subjetividades y regula conductas. La ética emancipadora pone en disputa este dispositivo cuando se convierte en una herramienta de dominación que excede los límites legales y humanitarios del castigo.

El régimen penitenciario y la negación histórica de derechos

A lo largo de su desarrollo histórico, el régimen penitenciario ha funcionado como un espacio de suspensión fáctica de derechos. Si bien la normativa jurídica reconoce que la pena privativa de libertad solo restringe la libertad de deambular de toda persona, en la práctica se han vulnerado derechos fundamentales como la integridad física y psíquica, el acceso a la salud, la educación y el trabajo etc.

Esta situación se explica, en parte, por la persistencia de una moral institucional que considera a las personas privadas de la libertad como sujetos peligrosos, moralmente inferiores o indignos de protección. Bajo esta lógica, el maltrato, el abandono y la violencia institucional se naturalizan como elementos inherentes al encierro.
La ética, en tanto herramienta crítica, permite desarticular esta mirada y visibilizar que tales prácticas no solo son ilegítimas desde el punto de vista jurídico, sino también profundamente injustas desde una perspectiva moral y humanitaria.

Ética emancipadora y enfoque de derechos humanos

La ética emancipadora en el régimen penitenciario se enlaza estrechamente con el enfoque de derechos humanos. Este enfoque parte del reconocimiento de que todas las personas, independientemente de su situación jurídica, son titulares de derechos y que el Estado tiene la obligación indelegable de avalar. Desdé esta mirada, la ética cumple una función transformadora al redefinir el sentido de la pena y del tratamiento penitenciario. La privativa de la libertad deja de ser concebida como un fin en sí mismo y pasa a concebirse como una medida limitada, sujeta al control legal y orientada a la reinserción social. Asimismo, la ética emancipadora interpela el rol del personal penitenciario, que deja de ser exclusivamente un agente de control para convertirse en un actor clave en la garantía de derechos, la prevención de la violencia institucional y la construcción de vínculos respetuosos dentro del contexto de encierro.

Implicancias en el régimen penitenciario

Incorporar la ética como herramienta emancipadora implica repensar la política penitenciaria desde una perspectiva integral. Esto supone:
• renunciar a modelos exclusivamente punitivos;
• originar políticas de cuidado y acompañamiento;
• fortalecer el acceso efectivo a derechos sociales, culturales y económicos;
• garantizar a condiciones de detención compatibles con la dignidad humana.
En este marco, la ética no actúa como un discurso abstracto, sino como un criterio concreto para la toma de decisiones institucionales y la evaluación de prácticas penitenciarias.

Conclusiones

La ética y la moral, entendidas en clave crítica y emancipadora, establecen herramientas fundamentales para transformar el régimen penitenciario. Al cuestionar morales punitivas arraigadas y visibilizar las relaciones de poder que atraviesan en reclusión, la ética permite afirmar que la pena no puede justificar la vulneración de derechos. Un régimen penitenciario democrático requiere de una ética orientada a la dignidad humana, al respeto irrestricto de los derechos humanos y a la responsabilidad estatal. Solo desde esta perspectiva es posible avanzar hacia un régimen penitenciario que no reproduzca exclusión, sino que favorezca a la reintegración social y a la construcción de una sociedad más justa.

Bibliografía

  • Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar. Siglo XXI.
  • Garland, D. (2005). La cultura del control. Gedisa.
  • Zaffaroni, E. R. (2011). La cuestión criminal. Planeta.
  • Baratta, A. (2004). Criminología crítica y crítica del derecho penal. Siglo XXI.
  • Naciones Unidas (2015). Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos (Reglas Mandela).
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