El conflicto social entre socios de la Asociación Civil Policial de Santa Cruz puede ser interpretado como una manifestación de tensiones estructurales propias de los procesos de diferenciación institucional, disputas por legitimidad y redefinición de identidades colectivas en contextos de fragilidad organizacional. Lejos de constituir un mero desacuerdo administrativo o personal, el conflicto expresa transformaciones más profundas vinculadas a la cohesión interna, la representación simbólica del colectivo policial y la disputa por recursos materiales y simbólicos. A la luz de los aportes de Émile Durkheim, Pablo Semán y Valeria Ragnini, es posible analizar este fenómeno como una crisis de integración moral, una disputa por sentidos y una confrontación por la construcción de autoridad dentro de un espacio asociativo atravesado por lógicas estatales y comunitarias.
Desde la perspectiva de Émile Durkheim, especialmente en La división del trabajo social y El suicidio, el conflicto puede entenderse como resultado de un debilitamiento de la solidaridad orgánica que debería articular a los miembros de una organización moderna. En asociaciones civiles conformadas por agentes policiales retirados o en actividad, la cohesión no se basa únicamente en la semejanza, propia de la solidaridad mecánica, sino en la interdependencia funcional y en la existencia de normas compartidas que regulan expectativas y conductas. Cuando esas normas pierden claridad o legitimidad, emerge lo que Durkheim denomina anomia: un estado de desregulación moral que produce incertidumbre, frustración y enfrentamientos internos. En el caso de la Asociación Civil Policial de Santa Cruz, las disputas por la administración de recursos, la representatividad de la conducción o la orientación política de la institución pueden leerse como síntomas de un déficit normativo y de una crisis de autoridad moral. La anomia no implica ausencia de reglas formales, sino debilitamiento de la fuerza vinculante de esas reglas. Así, el conflicto se convierte en un indicador de que el colectivo ya no comparte de manera homogénea un mismo horizonte moral.
A su vez, Durkheim subraya que las corporaciones profesionales cumplen una función intermedia entre el individuo y el Estado, generando integración social y regulación ética. Cuando estas instancias fallan en producir cohesión, el individuo queda expuesto a tensiones que pueden traducirse en conflictos abiertos. La asociación civil, en tanto espacio de representación y contención del colectivo policial, debería operar como ámbito de solidaridad secundaria. Si esa función se erosiona, se intensifica la fragmentación interna y la competencia por el reconocimiento. En este sentido, el conflicto no es solamente un problema administrativo, sino una señal de desintegración moral en un cuerpo que históricamente se construyó sobre valores de disciplina, jerarquía y lealtad.
Desde la perspectiva de Pablo Semán, el conflicto puede ser leído como una disputa por la producción de sentidos y por la definición legítima de la identidad colectiva. Semán ha trabajado extensamente sobre las formas en que los actores sociales construyen marcos interpretativos que orientan prácticas y legitimidades. En una asociación policial, los socios no solo discuten sobre recursos o cargos, sino sobre qué significa “representar” al colectivo, qué valores deben priorizarse y cuál es el vínculo adecuado con el poder político. La dimensión cultural del conflicto es central: cada fracción interna construye narrativas que justifican su posición y deslegitiman la del otro. Estas narrativas no son meros discursos estratégicos, sino expresiones de matrices culturales que articulan experiencias laborales, trayectorias institucionales y expectativas de reconocimiento.
Semán permite comprender que en contextos contemporáneos las identidades colectivas ya no son homogéneas ni monolíticas. Incluso dentro de instituciones tradicionalmente jerárquicas como la policía, emergen pluralidades internas que cuestionan la idea de una identidad uniforme. Las tensiones entre socios activos y retirados, entre visiones más corporativas o aperturistas, o entre posturas más alineadas con el gobierno provincial y otras más críticas, revelan una heterogeneidad que se hace visible en el conflicto. El desacuerdo, en este marco, es una forma de lucha por la hegemonía simbólica dentro del colectivo.
Valeria Ragnini, por su parte, aporta herramientas para pensar la conflictividad en clave de disputas por reconocimiento y por legitimidad institucional. Desde una perspectiva sociológica que dialoga con teorías contemporáneas del conflicto y del poder, Ragnini enfatiza que las organizaciones civiles no son espacios neutros, sino arenas donde se confrontan proyectos, intereses y capitales simbólicos. En la Asociación Civil Policial de Santa Cruz, la conducción no solo administra bienes materiales, sino que administra prestigio, acceso a redes y capacidad de interlocución con el Estado. El conflicto surge cuando sectores internos perciben que esa administración no es equitativa o que la conducción no encarna adecuadamente los valores del colectivo.
La lectura conjunta de Durkheim, Semán y Ragnini permite sostener que el conflicto social entre socios no debe interpretarse exclusivamente como una anomalía negativa. Desde una perspectiva sociológica, el conflicto también cumple una función reveladora: expone tensiones latentes y obliga a redefinir reglas y consensos. Sin embargo, cuando la disputa se desarrolla en ausencia de mecanismos institucionales sólidos de mediación, puede profundizar la fragmentación y erosionar la legitimidad de la organización frente a sus propios miembros y ante la sociedad.
En el contexto santacruceño, donde las instituciones vinculadas a la seguridad pública enfrentan desafíos estructurales, presupuestarios, políticos y sociales, la estabilidad de los espacios asociativos resulta clave para la contención del personal y la construcción de bienestar colectivo. Si la asociación civil se convierte en un escenario permanente de confrontación, pierde su capacidad integradora y su función de mediación entre el individuo y el Estado. Desde la óptica durkheimiana, esto implicaría una falla en la producción de solidaridad; desde Semán, una crisis en la definición compartida del sentido colectivo; y desde Ragnini, una disputa no resuelta por la legitimidad institucional.
En consecuencia, el abordaje del conflicto requiere no solo soluciones administrativas, sino una reconstrucción del pacto moral y simbólico que sostiene a la organización. Ello implica transparentar reglas, fortalecer mecanismos participativos y reconocer la pluralidad interna como parte constitutiva del colectivo policial. La superación del conflicto no radica en suprimir la diferencia, sino en institucionalizarla dentro de marcos normativos que restituyan cohesión y legitimidad. Solo así la Asociación Civil Policial de Santa Cruz podrá recuperar su función integradora y reafirmarse como espacio de representación y cuidado de sus socios.
Referencias
- Durkheim, É. (2001). La división del trabajo social. Madrid: Akal. (Obra original publicada en 1893).
- Durkheim, É. (2004). El suicidio. Buenos Aires: Losada. (Obra original publicada en 1897).
- Ragnini, V. (2018). Conflicto y legitimidad en organizaciones intermedias. Buenos Aires: Editorial Biblos.
- Semán, P. (2006). Bajo continuo: Exploraciones descentradas sobre cultura popular y masiva. Buenos Aires: Gorla.

