Resumen
El presente artículo propone analizar la seguridad penitenciaria desde una perspectiva sociológica, entendiendo que las instituciones de seguridad no se constituyen únicamente a partir de normas jurídicas y estructuras organizacionales, sino también mediante procesos culturales que construyen identidades profesionales, valores compartidos y formas particulares de interpretar la función institucional. Desde este enfoque, se aborda la construcción del concepto de habitus profesional penitenciario como una categoría analítica que permite comprender cómo los integrantes del Servicio Penitenciario incorporan disposiciones, prácticas y criterios de actuación por medio de la formación, la experiencia institucional y la interacción cotidiana. Asimismo, se analiza el Decreto Provincial N.º 990/18 (Legislación Penitenciaria de Santa Cruz) como un marco normativo que expresa un determinado modelo profesional penitenciario, vinculado con la seguridad, el respeto de los derechos fundamentales, el trabajo interdisciplinario y la responsabilidad estatal. El trabajo sostiene que la profesionalización penitenciaria no depende exclusivamente de capacidades técnicas, sino también de la construcción de una cultura institucional orientada a la ética profesional, la responsabilidad democrática y la integración del sistema penitenciario dentro de las políticas de seguridad ciudadana.
Palabras clave: seguridad penitenciaria, sociología de la cultura, habitus profesional, cultura institucional, formación penitenciaria, seguridad ciudadana.
1. Introducción
El estudio de las instituciones penitenciarias ha estado históricamente vinculado al análisis de la ejecución de la pena, el control social y las condiciones de las personas privadas de libertad. Sin embargo, resulta necesario ampliar la mirada hacia quienes integran estas instituciones, reconociendo que el personal penitenciario constituye un actor fundamental dentro del sistema de seguridad pública. La función penitenciaria contemporánea no puede considerarse únicamente como una actividad basada en vigilancia y custodia. Implica, además, la intervención profesional en escenarios complejos donde conviven seguridad, autoridad, convivencia institucional, derechos humanos y procesos de reinserción social. Desde la sociología de la cultura, las instituciones producen formas de interpretar la realidad. Los individuos que ingresan a una organización no solamente adquieren conocimientos técnicos, sino que incorporan valores, símbolos, lenguajes y prácticas que conforman una identidad profesional.
En este sentido, el concepto de habitus desarrollado por Pierre Bourdieu permite comprender cómo las estructuras sociales son incorporadas por los sujetos y orientan sus formas de actuar. Aplicado al ámbito penitenciario, permite analizar cómo la formación, la experiencia y la cultura institucional participan en la construcción del profesional penitenciario.
El objetivo de este artículo es analizar la relación entre sociología de la cultura y seguridad penitenciaria, proponiendo la categoría de habitus profesional penitenciario como una herramienta para entender la construcción de la identidad institucional del personal penitenciario.
2. Sociología de la cultura y construcción institucional
Las instituciones no son únicamente estructuras administrativas: son espacios sociales donde se producen significados, valores y prácticas. La cultura institucional orienta la manera en que sus integrantes comprenden su función y establecen criterios de actuación. Bourdieu (2007) sostiene que las prácticas sociales están relacionadas con disposiciones incorporadas que se forman mediante la experiencia dentro de determinados campos sociales. El habitus permite explicar cómo los sujetos adquieren formas de percibir y de actuar que parecen naturales, pero que son producto de procesos históricos y sociales.
En el ámbito penitenciario, estas disposiciones se construyen mediante la formación profesional, la capacitación permanente, las relaciones jerárquicas y las experiencias cotidianas. El integrante del Servicio Penitenciario no solamente aprende procedimientos, sino que incorpora una manera específica de comprender la seguridad, la autoridad y la responsabilidad institucional. Berger y Luckmann (2003) explican que la realidad social se construye mediante procesos de interacción, institucionalización y legitimación. Desde esta perspectiva, la organización penitenciaria transmite conocimientos y valores que luego son internalizados por sus integrantes. Por su parte, Geertz (2003) entiende la cultura como un sistema de significados compartidos. Esto permite analizar la cultura penitenciaria como un conjunto de símbolos, valores y prácticas que le otorgan sentido al ejercicio profesional.
3. El habitus profesional penitenciario
El habitus profesional penitenciario puede entenderse como el conjunto de disposiciones adquiridas que permiten al integrante de la institución interpretar situaciones, tomar decisiones y actuar conforme a los principios de su función. La formación inicial constituye el primer espacio de socialización profesional, donde se incorporan conocimientos técnicos, normas institucionales y valores vinculados al servicio público. Sin embargo, la construcción profesional continúa durante toda la trayectoria laboral mediante la experiencia y la interacción con la organización.
La cultura institucional tiene una función central porque transmite formas de ejercer la autoridad, resolver conflictos y comprender la responsabilidad del rol penitenciario. Por ello, la profesionalización no debe limitarse al entrenamiento operativo. Requiere desarrollar capacidades éticas, jurídicas, comunicacionales y sociales que permitan responder a las demandas actuales de la seguridad pública.
4. El Decreto Provincial N.º 990/18 y la cultura profesional penitenciaria
El Decreto Provincial N.º 990/18 puede ser interpretado como un marco institucional que no solamente regula funciones, sino que expresa una concepción determinada sobre el profesional penitenciario que se busca formar. Desde una perspectiva sociológica, las normas institucionales cumplen una función cultural porque establecen valores, responsabilidades y modelos de actuación esperados. El perfil profesional penitenciario planteado en dicho marco reconoce la necesidad de contar con personal capacitado para intervenir en contextos de privación de libertad, garantizando la seguridad institucional, el respeto de los derechos fundamentales y el trabajo coordinado con otros actores profesionales. De esta manera, la función penitenciaria supera una visión asociada exclusivamente a la custodia y se orienta a un modelo profesional donde seguridad, tratamiento y responsabilidad estatal se encuentran vinculados. La norma constituye una orientación institucional, pero su verdadera consolidación depende de la cultura organizacional y de la capacidad de transformar esos principios en prácticas profesionales.
5. Seguridad ciudadana y profesionalización penitenciaria
La seguridad ciudadana propone una visión integral donde la seguridad constituye una política pública que involucra diferentes instituciones del Estado. Dentro de este enfoque, el Servicio Penitenciario ocupa un lugar estratégico como organismo encargado de una etapa fundamental del sistema penal. La seguridad penitenciaria no puede reducirse al control físico de los establecimientos: requiere profesionales capaces de gestionar conflictos, intervenir en situaciones complejas y actuar bajo principios legales y democráticos. La construcción de una cultura profesional penitenciaria resulta, entonces, indispensable. Los cambios institucionales no se producen únicamente mediante reformas normativas, sino mediante procesos culturales que transforman las formas de pensar y de actuar de sus integrantes.
6. Conclusiones
El análisis desarrollado permite afirmar que la seguridad penitenciaria constituye una construcción social y cultural donde las normas, las estructuras organizacionales y las prácticas profesionales interactúan permanentemente. El concepto de habitus profesional penitenciario permite comprender que la identidad institucional se construye mediante procesos de formación, experiencia y socialización organizacional. El Decreto Provincial N.º 990/18 representa una referencia fundamental para comprender el modelo profesional penitenciario, ya que establece responsabilidades y principios vinculados con una función estatal moderna, profesional y respetuosa de los derechos fundamentales. El desafío institucional consiste en consolidar una cultura profesional donde la norma se transforme en práctica; la formación, en identidad; y la función laboral, en un compromiso permanente con el Estado y con la sociedad. La sociología de la cultura aporta una mirada necesaria para comprender que la profesionalización penitenciaria no depende únicamente de recursos materiales o de estructuras administrativas, sino también de la capacidad institucional para construir valores, sentidos compartidos y un verdadero habitus profesional.
Bibliografía
- Anitua, G. I. (2015). Historias de los pensamientos criminológicos. Didot.
- Berger, P. L., & Luckmann, T. (2003). La construcción social de la realidad. Amorrortu.
- Bourdieu, P. (2007). El sentido práctico. Siglo XXI Editores.
- Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Siglo XXI Editores.
- Geertz, C. (2003). La interpretación de las culturas. Gedisa.
- Goffman, E. (2001). Internados: ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales. Amorrortu.
- Zaffaroni, E. R., Alagia, A., & Slokar, A. (2002). Derecho Penal: parte general. Ediar.

